El Celta resiste y gana ante el Eibar

El cuadro gallego zanja en la segunda parte con la habitual firma de Aspas y Maxi Gómez un partido que hasta el descanso dominaron los visitantes

 

Le ganó el partido el Celta al Eibar y no fue poco. No lo fue tanto por la deriva con la que llegaron los dos equipos a citarse como por el despliegue del equipo vasco durante la primera parte del partido. Puede rescatar el Celta el resultado e indudablemente debe celebrar una nueva gran actuación de Iago Aspas, puede incluso comenzar a relamerse con paladear una asociación entre el mejor delantero español del momento y el turco-danés Emre Mor, una entente improbable por procedencia pero lógica por como se manejan con la pelota. Debe valorar el Celta un triunfo tan trabajado como valioso porque cuando los futbolistas se fueron a la ducha lo hicieron para disfrutar no solo de la soleada tarde viguesa sino para hacerlo también como séptimos en la clasificación, en una plaza que puede valer el regreso a Europa.

Pero el Celta pasó momentos de calvario ante un Eibar en el que nada es casualidad. No lo es que se plantase en Balaídos después de que en las trece jornadas anteriores solo le hubiesen derrotado Atlético y Barcelona o que hubiese puntuado en sus cinco anteriores desplazamientos. Pocos equipos más trabajados que el que adiestra Mendilibar. En Vigo tuvo que ver el partido desde el graderío por sanción, pero nada importó ese detalle en un inicio demoledor de su equipo, atrevido porque se fue a buscar al Celta a su campo, subió la zaga casi hasta la medular y metió a los celestes en un laberinto.

El Eibar debió de irse al descanso en ventaja. Penó por no hacerlo porque el Celta rectificó su afán en ir en la única dirección que le lastraba. Es perfectamente entendible que haya equipos como el que prepara Unzué que apuesten por encontrar espacios desde la zaga a base de combinaciones. Ya le dio éxito esa pauta bastantes veces, por ejemplo en un gol en Balaídos contra el Girona que debería estar en las mejores videotecas. Pero es de sabios buscar alternativa cuando en el camino se levanta una valla. El Eibar la puso con su presión alta y el Celta se empeñó en chocar una y otra vez contra ella hasta que en el descanso hubo contraorden. Padeció en la salida de balón y tuvo mucha fortuna en no pagarlo con una clara desventaja en el marcador. Le falló la puntería al Eibar, por ejemplo a Jordán, que a los diez minutos obligó a estirarse al meta Rubén Blanco. O a Inui, que cerró ese periodo, sin aprovechar una clara ocasión para hacer justicia. En ese tiempo se pidió un penalti por mano de Lobotka y el Celta recibió un baño . “Fueron superiores en la primera parte”, zanjó al final el capitán local Hugo Mallo.

Durante ese rato de tinieblas la única luz para los locales la portó Iago Aspas, que filtró pases, tiró desmarques, ayudó para desentrañar el problema que tenía su equipo. En la media parte ya brilló el sol, tibio pero calentito como corresponde en la época, para los gallegos. Su guardameta empezó a poner el balón en juego hacia posiciones más adelantadas, donde además Maxi Gómez tiene recursos para ganar las acciones. El Eibar debió bajar líneas y ahí perdió el hilo que tenía tan bien sujeto. Además, en el receso, Sisto se quedó en la ducha y salió al campo Emre Mor, que suele dejar detalles y empieza a hacerlo con más continuidad. Suyo fue el caracoleo y el centro que valió el gol que abrió el partido, otra joya de Aspas, que definió en el primer palo como un grande. Ahora mismo, en un momento de forma que ya se prolonga durante bastantes meses, sería complicado entender que en la selección española juegue con otro delantero.

El gol le llegó al Eibar cuando ya había perdido la iniciativa que había disfrutado. Trató de reactivarse con Pedro León, que volvió a jugar tras nueve meses de ausencia por lesión, pero nada le devolvió al partido porque manejó la pelota en la situación que más le disgusta, no en transición tras presión sino con el rival a la espera. Ahí el Eibar se atascó, sin soluciones, siempre sin pegada. El Celta se juntó y se apostó para salir a la contra. Trenzó una de libro con una fenomenal galopada de Hugo Mallo, exuberante de fuerza en el tramo final del partido para darle la rubrica de la sentencia a Maxi Gómez. Sería injusto no valorar al Celta como un conjunto coral, pero también le define que entre Aspas (16) y Maxi Gómez (13) hayan marcado 29 de sus 43 goles.

 

Fuente: https://elpais.com/deportes/2018/02/24/actualidad/1519477751_814416.html

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