Los lazos con España de la mecenas Ella Fontanals-Cisneros

La boda de una de sus hijas con un Macaya la unió a nuestro país. En 2015 compró una casa en Madrid y ahora dona su colección

La Fundación Cisneros y Cultura dedicarán la Tabacalera a la ‘Colección de las Américas’

Ella Fontanals-Cisneros es el personaje de la semana. Cubana de nacimiento, criada en Venezuela y con residencia entre Miami y Madrid, el pasado lunes recibió el premio ‘A’ de ARCO por su compromiso con el arte latinoamericano. Al día siguiente, la coleccionista firmó un acuerdo con el Ministerio de Cultura para ceder parte de su obra de arte contemporáneo para que sea expuesta en nuestro país. «Escogí España por su perfecta unión con Latinoamérica y Europa», explicó en la rueda de prensa posterior. Aunque esta dama de 74 años refuerza su presencia en la prensa nacional ahora, su unión con España existe desde hace décadas.

Ella Fontanals emigró de Cuba a Venezuela con sus padres y su hermana a los 13 años. La familia, adinerada en su país, huyó de la Revolución y dejó atrás a Manolo, el hermano de Ella, quien era afín al régimen castrista y eligió permanecer en la isla. En las fiestas de la alta sociedad venezolana conoció a Oswaldo Cisneros, miembro de una de las familias más importantes del país. Él, dueño de Pepsi y de Digitel, la conquistó y comenzaron un noviazgo que terminó en boda en 1968. Por su matrimonio, Fontanals añadió a su apellido el de su marido y nacieron tres hijas: Marisa, Mariela y Claudia.

Ella dedicó sus primeros años de matrimonio a la filantropía y a ayudar a su marido en sus empresas. Hasta principios de los 80, la socialite cubana no descubrió su amor por el arte. Según recordó en una entrevista, las emociones que le produjo una obra del venezolano Jesús Rafael Soto le llevaron a empezar a coleccionar de manera privada. Ella compraba cuadros de artistas latinoamericanos que conocía en sus viajes.

En los 33 años que Ella y Oswaldo estuvieron casados, se volvieron un influyente matrimonio en Venezuela. El 19 de febrero de 1989 su hija Mariela se casó con Gonzalo Fernández Tinoco. En ese momento, Venezuela vivía una fuerte crisis tras la bonanza petrolera y las crónicas de sociedad bautizaron el enlace como «la boda del siglo». No faltaron las críticas al dispendio en medio de la necesidad: 5.000 invitados que se movieron en decenas de autocares y un bufé con caviar, langosta y salmón regado con champán, todo aportado por la cadena de supermercados Cada, propiedad de los Cisneros. El «bufé rebosante» coincidió con la falta de existencias en las estanterías de los supermercados. Una semana después, comenzaron dos semanas de protestas en Caracas conocidas como el caracazo, que terminó con un número indeterminado de muertos y con el Gobierno declarando el toque de queda. Varias crónicas de la época vinculan la celebración de la boda, sumado a la tensión social, con el estallido de las revueltas.

El ministro de Cultura, Méndez de Vigo, junto a Fontanals-Cisneros tras firmar el acuerdo de cesión de su obra Paolo AguilarEFE

El matrimonio no se pronunció sobre esta situación. Ella y Oswaldo continuaron con su vida empresarial y social. Apadrinados por Gustavo Cisneros y Patricia Phelps de Cisneros, en los 90 comenzaron a visitar España. Conocieron a Cristina Macaya y se convirtieron en fijos en la fiesta de verano de la anfitriona más famosa de Mallorca. En la celebración de 1997, Cristina y Ella festejaron el compromiso de sus hijos, Javier Macaya y Claudia Cisneros Fontanals. La pareja se casó el 5 de noviembre de ese año en una ceremonia más discreta que la de Mariela y se instalaron en EstadosUnidos. La tercera hija del matrimonio, Marisa, contrajo matrimonio con el brasileño Marcos Rizzon.

En 1999, Ella decidió comenzar su vida como coleccionista de manera profesional tras años comprando obras por impulso pero sin seguir un criterio para formar una colección. Tras esa importante decisión, en 2001 cambió de vida al separarse de Oswaldo después de 33 años juntos. Su ruptura fue igual de discreta que el resto de su vida y entre ellos nunca se ha roto la armonía. En referencia a su ex, declaró a la revista El Estímulo: «Aprendí de su generosidad, inteligencia y capacidad de resolución».

En los 17 años de soltería, Ella se ha convertido en referente de coleccionismo. Fontanals se alquiló una casa en La Habana y desde entonces las temporadas en la isla las dedica a descubrir artistas emergentes locales. En 2002 montó su fundación, Cifo, con sede en Miami. Tres años después la institución abrió una sala de exposiciones y comenzó a becar a artistas latinoamericanos. Su pasión por el arte se resume en la actualidad en una colección de 3200 obras -las cifras bailan en 100 piezas en los distintos medios especializados- que se exponen en diferentes países, y en dos hijas vinculadas al trabajo de su madre. Claudia es con la que tiene una relación más cercana. Separada desde 2008 de Javier Macaya, si su madre se interesó por el arte contemporáneo, su hija tiene una colección de fotografía contemporánea. Gracias a su influencia, el vástago de Cristina Macaya también es coleccionista, además de ejecutivo de Goldman Sachs.

Pese al divorcio, Ella mantuvo su relación con España. Desde 2011 parte de su colección se ha expuesto en el Museo Reina Sofía. Su intención de continuar vinculada a España, sin embargo, no se materializó hasta 2015. Ese año compró un piso en la calle Fortuny de Madrid. Su inversión no se habría descubierto de no ser por los problemas de su reforma. Durante 2016, Ella derribó varios tabiques de la vivienda para adecuarla a sus necesidades y a las obras de arte que alberga en ella. Los obreros rompieron la bajante durante la remodelación e inundaron a la vecina de abajo, que no es otra que Carmen Lomana. La inundación fue tal que los vestidos de alta costura y los bolsos de grandes firmas de la socialite española flotaban por la casa. Algo que Carmen demostró con vídeos para confirmar que no exageraba. Pese a que Fontanals-Cisneros invirtió probablemente el dinero de una obra emergente en el arreglo de casa de Lomana, las vecinas no se hablan porque, según la española, la coleccionista «nunca se disculpó».

 

Oswaldo Cisneros, ex marido de Ella, con las tres hijas del matrimonio FACEBOOK

Ella nunca se ha pronunciado sobre el problema con Carmen, aunque esta semana han rivalizado en titulares. Mientras la primera recibía el premio de ARCO, la segunda inauguró una exposición con sus vestidos en el Museo del Traje que reunió a personalidades destacadas de distintas esferas de la sociedad.

En 2018 Ella ha dado un nuevo giro a su fundación y a su colección. Hace unas semanas anunció que su sala de exposiciones de Miami permanecerá abierta hasta marzo, fecha en que termina la exposición Triángulo: Loló Soldevilla, Sandu Darie y Carmen Herrera. Aunque la fundación seguirá basada en Miami, la intención de Ella es que las obras tengan un recorrido más internacional. De momento, parte de la colección se instalará en La Tabacalera de Madrid y las negociaciones han convertido a la mecenas en la niña mimada del mundo de la cultura, que pasará a convertirse en un personaje fijo de la sociedad madrileña. Así comienza la cuarta vida de Ella.

Fuente: http://www.elmundo.es/loc/famosos/2018/02/24/5a9046df468aeb56178b463d.html

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