«Un solo despiste y te arruinaba la tarde»

Antiguos jugadores del Celta que se enfrentaron a Quini destacan su calidad humana tanto como la deportiva

 

La tristeza por la muerte de Enrique Castro «Quini» también ha llegado a Vigo. El legendario delantero asturiano también convirtió al Celta en una de sus víctimas. Los veteranos del equipo vigués que se enfrentaron a él recuerdan su grandeza como delantero, pero sobre todo como persona y compañero.

En la tertulia medio improvisada de casi todos los días en la sede de los veteranos del Celta en su sede de Balaídos ayer solo se hablaba de Quini. La muerte del legendario delantero asturiano se ha dejado sentir en Vigo, especialmente en aquellos que vistiendo la camiseta del Celta se enfrentaron a él a lo largo de su carrera y comprobaron en primera persona su categoría como futbolista y como persona. Quince veces se enfrentó Quini al Celta (catorce con el Sporting y solo una en su etapa en el Barcelona). En esos encuentros, sobre todo en las primeras temporadas de la década de los setenta, anotó siete goles frente a los vigueses.

Nadie se cruzó más veces en el campo con él que Manolo. Compañeros de quinta, al histórico «gran capitán» del Celta le correspondió en un puñado de ocasiones marcarle de forma directa. Como tantos otros, la noticia de su muerte le dejó profundamente impactado: «Tengo un recuerdo muy bueno de él. Era un jugador honrado, profesional, un buen chaval. Me ha dado mucha pena».

Manolo le sufrió especialmente en los primeros años de su carrera: «Era un fenómeno absoluto. Tenía una intuición única para el gol y en el campo era un chaval exquisito. Yo le he marcado muchas veces, le he hecho faltas, le he dado patadas y nunca tuvimos el mínimo problema. Al contrario. Siempre tenía un buen gesto con el adversario. Un magnífico profesional en todo». Destaca el excapitán del Celta su impresionante facilidad para resolver jugadas o para no hacerse notar durante el partido: «Con él te desesperaba un poco el hecho de estar haciendo un buen partido, de tenerlo controlado casi todo el tiempo y bastaba un solo despiste para que Quini te arruinase la tarde. Era de esa clase de futbolista que nace para el gol. Marcarle era muy complicado porque no te podías permitir un solo error. Un despiste ya era suficiente para él». Recuerda Manolo que enfrentarse al Sporting de aquel tiempo era un problema serio porque «tenía un equipo magnífico con gente muy joven. Y luego estaban Churruca y Quini que te la liaban a la mínima».

El que se acuerda muy bien de uno de sus primeros encuentros sobre un campo con Quini es Jesús Sánchez. El antiguo portero del Celta salta como un resorte cuando se le nombra al delantero asturiano: «¿Cómo no me voy a acordar de él? La primera vez que me enfrenté a Quini con el Celta perdimos por 2-1 y él nos marcó los dos goles».

Sánchez, acostumbrado a analizar la forma de comportarse de los delanteros, tiene clara cuál era su gran virtud como delantero: «Lo listo que era, lo bien que se movía y cómo aprovechaba los pocos metros que le daba la defensa. Era un jugador extraordinario».

El exportero, que ayer se pasó la mañana recordando la figura de Quini con algunos de sus antiguos compañeros en el Celta, admite sentirse «impactado» por la noticia: «Lo he sentido mucho porque además era una persona buena, que se hacía querer. Es una verdadera lástima». Conocía bien Jesús Sánchez la condición humana de Quini: «Cuando me enfrenté a él por primera vez recuerdo que yo tenía una gran amistad con uno de sus compañeros. Nos presentó y desde ese momento siempre recibí por parte de él todo el cariño y respeto del mundo. Era entrañable, muy humilde, una persona normal, algo que resulta en ocasiones complicado cuando hablamos de gente con esa importancia».

Algunos porteros guardan una especie de archivo de los goles que reciben durante su carrera. Sánchez rememora sin problemas uno de aquellos que encajó contra Quini en noviembre de 1973: «Es una jugada que le describe perfectamente por esa facilidad para aparacer donde nadie le esperaba. No le estábamos marcando mal en aquel partido, pero en un saque de esquina al segundo palo de repente apareció completamente solo para cabecear con facilidad. El movimiento de desmarque lo había hecho poco antes y ninguno de nosotros se había enterado. No podías despistarte con él porque luego le sobraban recursos. Tenía un buen remate con las dos piernas y era un cabeceador fabuloso». Pero insiste Sánchez: «Es una enorme pérdida por lo que ha sido dentro y fuera del campo».

Un vigués que también puede hablar mucho de la dimensión de Quini es Carlos Pérez, exárbitro y exdelegado del Celta, que conoció al delantero desde otra faceta. Pérez actuó de juez de línea en más de una ocasión en partidos en los que Quini ejercía de capitán del Sporting o del Barcelona: «No puedo decir otra cosa más que era una persona maravillosa y que siempre se preocupó por ayudarnos en nuestro trabajo. Era un capitán con mayúsculas. Un ejemplo como deportista y como profesional».

 

Fuente: http://www.farodevigo.es/deportes/2018/03/01/despiste-arruinaba-tarde/1846448.html

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