Testimonio: La vida entera no cabe en un par de maletas

Emigrar es enfrentarse a la razón y las emociones, porque en la búsqueda de un mejor futuro fuera de tu país te encuentras con un caudal de sentimientos encontrados, de recuerdos y de un apego enorme a todo aquello que antes, quizás, no tenía la mayor importancia para ti pues formaba parte del día a día.

¿Cómo empacar en la maleta los abrazos de tu mamá, la bendición de los abuelos, las típicas peleas con tu herman@, todas las anécdotas que venían acompañas de risas en las reuniones familiares, el compartir con los panas en los fines de semana o las navidades en Venezuela?

Para muchos, dejar Venezuela es el equivalente a estar dentro de una relación toxica “te amo, pero me haces daño”, y que difícil es “divorciarse” de quien tanto amas cuando han vivido tantas cosas juntos, pero ha llegado el momento de despedirse, de separarte ese país que te vio crecer junto a tu familia, que te dio amigos, que te dio un título, que te dio oportunidades, que te dio experiencias y que incluso en las malas, te enseñó que eres capaz de luchar contra las adversidades.

Para quienes hemos decidido emigrar, la separación de bienes en nuestra relación “toxica” con Venezuela nos parece injusta, pues a ti te ha tocado partir con solamente tus recuerdos y una maleta, llenas con un poco de ropa (tu favorita o la más necesaria, porque es imposible llevarla toda), algún objeto de valor sentimental (quizás unas cuantas fotos, un libro o un peluche de la infancia), tus títulos académicos (para ver si te echan una ayudita todos esos años de estudios), tu pasaporte en la mano y la esperanza de haber tomado la decisión correcta. En cambio, Venezuela se ha quedado con lo más preciado, eso que no puedes comprar en ningún otro país… tu familia, tu pasado, tu gente, tus costumbres y parte de tu esencia.

Sin importar cuál haya sido tu caso al emigrar, creo firmemente que eres un VALIENTE, valiente por haber tenido el valor de intentarlo, por tener la fortaleza de enfrentarte al hecho de comenzar a construir algo de la nada, cuando antes solías tenerlo todo, valiente por tener la determinación de ir detrás de tus sueños, por luchar por una vida mejor, por soportar todos los kilómetros de distancia que existen hacia nuestro país de origen, ese que siempre sentiremos nuestro HOGAR.

Aquellos que piensan emigrar de Venezuela o para quienes ya lo hemos hecho, creo que es importante tener siempre presente cual fue el motivo por el que lo hicimos. Que esos motivos que nos hicieron dejar nuestra tierra sean la motivación cada mañana al despertar y cada noche antes de ir a dormir, que en los momentos duros sean un estímulo para no tirar la toalla y que en los momentos buenos representen satisfacción por todo aquello que ameritó un sacrificio.

Al partir, debemos ser capaces de tener la humildad suficiente para empezar desde cero, para aceptar que estamos en otro país, con una idiosincrasia diferente, debemos respetar eso y aprender de ello durante el proceso.

Emigrar trae como consecuencia muchos cambios en nuestra vida y los seres humanos muchas veces nos rehusamos a los cambios como parte de nuestra naturaleza, pero en este caso, los cambios representan una forma de crecer, de evolucionar, de adaptarnos, sin comprometer quienes somos. Apeguémonos a defender ese derecho y a la vez ese deber que es ser fiel a nosotros mismos, a no permitir que otro país nos etiquete y limite bajo la identidad de “emigrante” o “extranjero”, por lo contrario, sintámonos orgullosos de ser Venezolan@s.

 

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