Boris Izaguirre: “Tras la violación, no quise ser alguien humillado”

El ‘showman’ ha publicado ‘Tiempo de tormenta’, una novela biográfica en la que narra su truculenta violación grupal siendo menor

Dice Boris Izaguirre (52) que toda biografía es un ajuste a cuentas. Y, por ello, tienta leer Tiempo de tormentas en esa clave. “Me ha hecho revisar cosas cuya realidad podía espantarme a mí mismo”, concede él. Quizás para hacer más soportable el dolor de aquellos días haya recurrido a la ficción para rememorar acontecimientos salvajes y traumáticos, como la violación grupal que sufrió con tan sólo 13 años en su Venezuela natal, un estremecedor pasaje que ha centrado la atención mediática durante el lanzamiento de su nueva novela.

“Gerardo me lanzó contra la cama de su habitación y escuché cómo bajaban las persianas de madera y al mismo tiempo se bajaban las cremalleras, y los dos sonidos me resultaron tan similares como espeluznantes. Y deseables”, escribe Izaguirre.”[…] Gerardo empezaba a violarme delante de ellos y darme cachetadas y golpes en la nuca y a aplastar mi cabeza contra las almohadas mientras se alejaba y otro de ellos se colocaba detrás y me penetraba”.

El niño Boris intenta huir pero sus tres agresores vuelven a apresarle, colocan un pañuelo empapado en alcohol en su boca y le cuelgan de los tobillos hacia el vacío. “A mí me asombró lo quirúrgico de mi actitud ante la narración, mi frialdad”, explica ahora Boris. “Yo sabía que iba a ser difícil de leer para mí y para el lector de la novela. El momento de ingresar en el coche donde se me abalanzan era el paso para el infierno. Cuando me sostienen en el balcón sobre el aire, pensaba: ‘Si consigo que me suelten, me libraré de esto‘. Pero no, me devolvieron a la brutalidad”.

La brutalidad incluía untarse mostaza y ketchup en sus erecciones y acercárselas a la boca. “Intenté retroceder, impedir que me forzaran a lamerlas más. Gerardo me sujetó, obligándome a que dejara entrar esos penes en la boca”, prosigue la novela. Finalmente, se queda sólo con él. “Gusto. Y dolor. Un poco de amor, todo mezclado en esa habitación, dejando que Gerardo entrara y saliera de mí, apretándome las muñecas, acercándose como un animal a engullirme o escupirme”, remata Boris.

Maestro de la provocación desde sus tiempos de Crónicas marcianas, mezclar una violación con el placer es un terreno resbaladizo del que sólo maestros como Buñuel (Belle de Jour) o Verhoeven (Elle) salen bien parados. “La narración de la novela no fue, evidentemente, como en la realidad. Pero como en la novela existía una relación de amor con uno de los asaltantes, me parecía interesante que ese amor se perturbara por la violencia y también por el hecho de que continuara siendo amor, a pesar de esa violencia”, explica él.

Un precioso primer plano de Boris con su madre. PLANETA

El showman ya había utilizado esta terrible experiencia en su primera novela, Azul petróleo, editada hace 20 años. Pero es la primera vez que la cuenta en primera persona. Lo hace porque se lo debía a su madre, la bailarina Belén Lobo, quien falleció hace cuatro años. “En realidad ésta no es mi biografía, es la historia de mi mamá y mía. Si cuento esto ahora es porque no sólo me ultrajaron a mí, sino también a ella. Porque nosotros siempre fuimos un equipo, aliados. Ella no permitió que la humillación pusiera en duda mi personalidad ni mi sexualidad. No dejó que yo me planteara si era responsable o no de lo que me había sucedido”.

Amor maternal

Y es que la estrella de la danza siempre alentó que su afeminado hijo se expresara con naturalidad. “Me dio una educación muy valiente. Los dos sabíamos que íbamos a tener que superar muchas barreras. La homofobia era lo más natural, ni siquiera existía como palabra. Yo mismo tengo más años que el término y lo he tenido que sufrir toda la vida. Pero ella nunca creyó que hubiera que corregir nada en mí. Salvo la dislexia”.

En Tiempo de tormentas, el violador de Boris se llama Gerardo y es un amigo de su hermano, un homosexual reprimido. “El armario es la peor de las condenas porque te obliga a mentir a los demás y a ti mismo y eso hace mucho daño”. Gerardo es un nombre ficticio. “He querido ser fidedigno. Pero Gerardo y su madre no existen aunque se inspiren en personas reales”. A lo largo de las páginas, Boris seguirá reencontrándose con él. A su agresor real no volvió a verlo. “¿Para qué? Supongo que leerá la novela pero no sé qué pensará”.

Pese a esta herida, usted es muy extrovertido, proyecta una imagen de seguridad en si mismo ¿Cree que la violación le dejó alguna secuela?

“Mi personalidad escogió ser todo lo contrario a ser alguien jodido, dolido o humillado, precisamente, para escapar de esa humillación. También para servir de ejemplo de que no tienes que dejarte vencer por los demás. Que tienes que luchar por ser tú mismo”.

Este truculento pasaje, en realidad, tan sólo ocupa tres páginas de libro de más de 500 hojas. En medio siglo de vida Izaguirre acumula vivencias para varios libros. Siendo menor de edad, ya publicaba columnas de sociedad en el mismo periódico en el que su padre ejercía de crítico de cine. El joven que soñaba con bailar en Studio 54 para conocer a Andy Warhol, Truman Capote o Liza Minelli termina escribiendo culebrones de tanto éxito como La dama de rosa bajo la tutela del gurú del género, José Ignacio Cabrujas. “Para escribir telenovelas es imprescindible haber tenido una historia de amor“, le dice.

Esa gran historia de amor la vivirá en España junto a Rubén Nogueira, al llegar a Santiago de Compostela y con el que lleva casado desde 2006. “Quiero muchísimo a Rubén, las separaciones me sirven para darme cuenta de que le quiero profundamente. Desde el inicio, formamos muy buen equipo”.

Sus padres, a los que está muy unido. PLANETA

En la novela, el álter ego de Rubén se llama Gabriel. “Con g de gay, como Gerardo. Él mismo escogió el nombre”, puntualiza el escritor. Gabriel viene a ser el reverso luminoso de Gerardo, con el que el Boris iniciará una historia de amor en el excitante Madrid de los 90. “Fue un gran punto de cambio para España y se ha escrito poco sobre ello, por eso es mi parte favorita de la novela. Muchas cosas sucedían en el país. Había terrorismo, sí, pero también surgió la televisión como la vemos ahora, la sociedad del espectáculo, la fascinación por la celebridad… El país se hace millonario y la frivolidad se apodera de él. Aparece una figura foránea a hacer ver que todo eso estaba pasando. Yo fui un producto de la convulsión de los 90“.

Esos tiempos convulsos fueron años de desenfreno. Las erecciones y los escarceos sexuales conviven alegres en las páginas con episodios como los GAL, el Caso Roldán o la muerte de Jackie Kennedy. “Cuando Rubén leyó esos capítulos los retituló como 50 sombras de gay. Casi me mata de la risa”, dice Boris, “Mi editora estuvo de acuerdo en que había demasiadas orgías y tenía razón porque igual que una canción típica se parece a otra canción típica las orgías se parecen mucho. Siempre las mismas posturas. Así que decidimos eliminar unas cuantas y quedarnos con las que mejor escritas me habían quedado”. Todo el erotismo está narrado con una exquisita ligereza, como el episodio del taxista que le encuentra piso en Lavapiés y como comisión le pide un revolcón.

Todo esto hasta llegar a Crónicas Marcianas, el programa que convirtió aIzaguirre en un icono gay, nunca nadie había exhibido con tanto histrionismo su homosexualidad a diario en la televisión. Y también en alguien tremendamente famoso y rico.

¿Dice que cuando acabó el programa tenía un millón de euros en su cuenta…?

“Esa parte es delicada. A Rubén no le gusta que de cifras. Dice que siempre me confundo, que hablo de un millón y quiero decir 10.000. Pero desde luego, sin Crónicas tendría menos Guccis en el armario”.

Y como hablar de dinero nunca fue elegante, cabe preguntarse qué hizo que este venezolano amanerado y afectado, lo que hubiera sido un pasaporte para el escarnio y la burla en una España en el que el matrimonio gay aún parecía una lejana utopía, se convirtiera en una de las personas más populares del país. “Creo que yo he enganchado porque no miento. No me oculto. He hecho de mi pluma mi marca y la gente lo ha aceptado”. Su biografía es una prueba de lo lejos que puede llevarte ser fiel a ti mismo.

 

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