“Yo venía para ayudar a mis hijas y son ellas quienes me ayudan a mí”

Rosa María, Romy Gómez y José Ignacio García ejemplifican el vínculo de Venezuela con Pontevedra

Rosa María aprovechó que se jubilaba para volver a España, en donde viven sus hijas y de donde eran originarios sus padres. Llegó con las garantías que le ofrecía el Convenio de Seguridad Social entre España y Venezuela, por el cual podía cobrar su pensión en España de forma irreversible. “Yo venía para ayudar a mis hijas con los nietos, y ahora son ellas quienes me ayudan a mí”, explica.

Tras dos años cobrando la pensión con normalidad, en enero de 2016 dejó de percibirla. Trabajó durante 25 años en Venezuela como profesora, por las mañanas en un colegio público y por las tardes en otro privado, pero ahora no tiene prestación. “Lo peor de todo es que como vivo con mi hija figura que en ese hogar yo aporto 1.400 euros de mi pensión cuando no estoy cobrando nada, por eso mi hija no puede acceder a ayudas para ella”, lamenta.

“La jubilación de Rosa María en bolívares no vale nada por la devaluación de la moneda. “Si hacen el cálculo del cambio me quedarían unos 20 euros”

La mujer ha tenido que volver a buscar trabajo en Galicia, “cuidando niños o de lo que sea”, explica, pero no ha tenido demasiado éxito hasta el momento.

A estas alturas ya ha perdido la esperanza de volver a cobrar su pensión. De hecho, en la actualidad, su jubilación en bolívares no vale nada por la devaluación de la moneda. “Si hacen el cálculo del cambio me quedarían unos 20 euros”, se queja.

“Hay mucha más gente en mi misma situación, por eso no tengo confianza de que esto se arregle; las cosas tendrían que cambiar mucho”, explica.

“ME FUI DE VENEZUELA ENFADADA CON ELLA; ESPERO PODER RECONCILIARME”

Romy Gómez y José Ignacio García en la Praza da Ferrería. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Cuando vivían en Venezuela, hace apenas unos meses, Romy y José Ignacio ya echaban de menos su país. “Extrañábamos la Venezuela que conocimos cuando todavía vivíamos allí, estábamos pasando los mejores años de nuestra vida en un país con muchísimos problemas en el que es difícil comer y hasta encontrar un analgésico”, explica José Ignacio García. “Yo me fui de Venezuela enfadada con ella; espero algún día poder reconciliarme”, continúa Romy Gómez.

El matrimonio llegó a Pontevedra en diciembre del año pasado y trata de adaptarse a la vida en Galicia tras haber abandonado el país en el que nacieron. Romy lo tuvo más fácil, porque sus abuelos eran de Cerdedo y contaba con la doble nacionalidad. Pudo venir a España y ya está trabajando en una frutería, aunque en Venezuela era periodista en un gabinete de comunicación y tiene experiencia en televisión. Por su parte, José Ignacio no tiene antepasados españoles, por lo que todavía está tramitando su documentación para poder vivir en España.

Romy Gómez: “Quisimos volver a escribir la historia de mi familia y hacer el viaje contrario, como si fuese una aventura”

La suya es una historia de retorno. “Quisimos volver a escribir la historia de mi familia y hacer el viaje contrario, como si fuese una aventura”, cuentan. Al igual que sus antepasados, ahora Romy Gómez vueve a ser emigrante y lo hace en un país que solo había visitado en dos ocasiones y de vacaciones.

Tienen la suerte de que en Cerdedo cuentan con familia que les ha ayudado a instalarse. Escogieron Pontevedra como destino precisamente por eso. “Ellos nos pueden prestar apoyo con el papeleoy las gestiones para vivir aquí”, explican. Además, aprovechan su estancia en España para ayudar a sus familiares y amigos que siguen viviendo en Venezuela. “Hace dos semanas les enviamos una caja llena de medicamentos”, indican. Desde maquinillas de afeitar a protectores de estómago o analgésicos, todo es necesario ya que es muy difícil de encontrar en las farmacias o supermercados. “A veces comer es difícil porque el precio de un producto básico se dispara debido a la hiperinflacción”, indica José Ignacio.

José Ignacio Gómez: “Hasta comer es difícil porque el precio de un producto básico se dispara por la hiperinflacción”

problemas para el matrimonio. “Echamos de menos el plátano frito y el frío es durísimo de llevar”, cuenta Romy. Para José Ignacio, que nunca había tenido relación con Galicia ni con su gastronomía, el cambio es todavía más complicado. “Llegamos el día 30 de noviembre y nos recibieron con empanadas, chorizo, tortillas, vino… Mi estómago no estaba acostumbrado a eso y el primer día me lo pasé vomitando”, aclara.

Echan de menos a su familia y a sus amigos, “y el Ávila”, apunta Romy refiriéndose al monte que corona Caracas, pero lo que no echan en falta es la inseguridad de las calles. “No tiene precio poder salir a las 23.00 horas con tranquilidad. Allí, a partir de las 21.00 horas ya no se puede salir a la calle”, cuenta José Ignacio, que aún no se ha acostumbrado a la calma de Pontevedra.

 

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