Ingrid Soto de Sanabria: “La desnutrición ya parece contagiosa”

La pediatra y nutrióloga, jefa del Servicio de Nutrición, Crecimiento y Desarrollo del Hospital de Niños J. M. de los Ríos, advierte que las deficiencias alimentarias comprometen el futuro de la nación. “Nuestra querida Venezuela es un país enfermo”, dice

—¿Comprendió al hombre que arremetió contra las instalaciones del hospital luego de que su hijo murió por falta de medicinas?

—Puedo entender su dolor ante la pérdida de su hijo, pero no que arremetiera contra las instalaciones que tanto necesitamos para atender a otros niños, incluso a otro de sus hijos.

¿Comprende a quienes generan esta tragedia?

—Es imposible comprenderlos cuando lo que se está generando es enfermedad y muerte por falta de vacunas, medicinas e insumos.

¿La mortalidad infantil antes de 1998?

—En descenso.

¿Y después de 1998?

—Seguía en descenso; se estancó aproximadamente en 2006 y ascendió en 2016.

¿Está desnutrido el futuro del país?

—Definitivamente.

¿Faltó algún alimento en la dieta infantil de quienes destruyen al país?

—Probablemente leche materna.

¿La peor influenza social?

—La desnutrición, que ya parece contagiosa, y lo peor es que comprometerá nuestro futuro como país.

¿Está Venezuela de quimioterapia?

—De ser así, desapareceremos por falta de quimioterápicos adecuados.

¿Un diagnóstico?

—Nuestra querida Venezuela es un país enfermo socialmente, económicamente y moralmente.

¿La cura?

—Un milagro.

¿Un síntoma de los centros de salud?

—Están en coma.

¿Alivian la situación las protestas?

—Muy poco. Lo que buscamos al manifestar es que de una vez por todas reconozcan  la magnitud del problema y busquen soluciones definitivas.

¿Cómo manifestar sin la brutal represión?

—Actualmente es prácticamente imposible.

¿Una inyección para los hospitales?

—Dotarlos de todo lo que carecen para poder prestar un servicio de calidad, como lo merecen nuestros pacientes.

¿Qué tipo de paciente es Venezuela?

—De seguir por donde vamos, incurable.

¿Recibe el J. M. de los Ríos ayuda humanitaria?

—Sí, pero no abiertamente.

¿Y del Estado?

—No debería ser ayuda, es su obligación, pero todo parece invertirse en remodelaciones que no terminan nunca.

¿La infección nacional?

—La corrupción.

—Con el bono parto, ¿estimula el régimen la natalidad en niñas-madres?

—Nuestras adolescentes lo que requieren es educación y orientación sobre el tema del embarazo precoz.

¿Lo revolucionario de la medicina del socialismo del siglo XXI?

—Haber regresado a la medicina de siglos pasados.

—¿Cómo serían los hospitales de niños con la inversión de todo el dinero regalado a Cuba y a otros países?

—Mejor de lo que son ahora, con la salvedad de que el dinero no lo es todo; hay que priorizar en  lo que se invierte.

—¿Qué reconoce a los médicos cubanos?

—Aunque obligados, dejan a su familia y a sus pacientes para servir en otro país con tanta inseguridad.

Ante la emergencia, ¿crearía una misión para los infantes?

—Sí, la llamaría “Alimentando el futuro”, priorizando los primeros 1.000 días del ser humano.

¿Cuesta cumplir en Venezuela el juramento de Hipócrates?

—Cada día más, sobre todo en lo más importante, que es actuar siempre en beneficio de nuestros pacientes y no perjudicarlos. Muchas veces contamos solo con la mística de nuestro trabajo, y sabemos que en salud no lo es todo.

De clasificarse con estrellas, ¿cuántas ostentarían los hospitales? 

—Una para las instalaciones e insumos, cinco a la mística de su personal.

¿Se desangra el país con la fuga de eminencias médicas?

—Es uno más de los tantos problemas del sector salud y el más difícil de recuperar.

¿Emigrará?

—Aún siento que puedo ser útil en mi país.

¿Atienden mejor al niño en las clínicas privadas?

—No necesariamente, pues allí también tienen problemas para adquirir todos los insumos necesarios para atenderlos.

¿Cuánto cuesta enfermarse en este país?

—Hasta la vida.

Según la retórica chavista los médicos ganan mucho…

—Mejor ignorarla. Sabemos que no es así en la mayoría de los casos.

¿El José Gregorio Hernández de hoy?

—Todos los médicos que decidimos quedarnos para servir a nuestros pacientes.

Entre protestas y paros, ¿teme un infarto fulminante en el servicio de salud?

—Ya estamos en paro técnico, no por las protestas sino por la falta de recursos de todo tipo; y de allí a un infarto fulminante solo hay un paso si no atendemos integralmente  el sector salud.

¿Una institución desahuciada?

—Casi todas.

¿Cuánto falta para una inanición total?

—Que la población no tenga acceso a los carbohidratos.

¿Una vitamina para la oposición democrática?

—Como hacían antes nuestros médicos: darle un golpe vitamínico  para que camine unida.

—¿Una cirugía para el alma del Estado-gobierno?

—Del corazón, a ver si demuestra su amor por Venezuela y su gente.

¿Una solución en la sala de espera?

—Buscar que sea la más rápida porque si no el paciente se nos muere. Entre otras, hacer alianzas con el sector privado o aceptar la ayuda humanitaria.

¿Qué pasaría en Venezuela con seis años más de una “revolución” incapaz de corregir la creciente mortalidad infantil?

—Nos quedaríamos sin futuro.

 

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