Emigró para poder llevarse a sus nietos y está a punto de lograrlo, conoce su historia

Esta es la historia de una abuela y su hijo, quien se lanzó por carretera de Caracas hasta Buenos Aires, con el fin de instalarse y llevar luego a sus cuatro nietos para que tuviesen otra vida.

Tiene ya un año en Argentina y todavía no lo ha hecho, pero va en camino de lograrlo pronto.

Ana Victoria Rodríguez, de 59 años, estudio mercadotecnia, aunque nunca ejerció eso en Venezuela. Ella tenía un buen empleo en Venezuela como analista de licitaciones con una contratista de Pdvsa, no necesitaba emigrar.

Decidió hacerlo no por ella misma, sino que un día conversaba con su nieta Valentina, quien sí se lo proponía debido a que sentía angustia por lo que ocurría en el país.

Le prometió que se iría ella adelante y luego la llevaría adonde pudiese estudiar normalmente. Lo planificó poco a poco. Ubicó personas en Facebook para obtener información y gestionó las apostillas y demás recaudos.

Conviasa no tenía entonces vuelos a Argentina y Copa era inaccesible. Se decidió a ir por tierra, con una bitácora de cuatro días hasta allá. Buscó información sobre ese proyectado viaje, consultando a personas que lo hubiesen hecho antes, pero nada previó las cosas que le ocurrieron.

Ella con su hijo, el 13 de marzo de 2017 partieron desde el terminal de La Hoyada Caracas y al día siguiente llegó a Puerto Ordaz con sus maletas.

No tenía dólares, reuní bolívares para poder cambiarlos por reales en Brasil, y en Argentina eran pesos. Tenía 7 millones de bolívares, era bastante plata. Cambié a 900. Hice los cambios en una línea. Continuamos a Boa Vista, Brasil, me vi con un conocido por Facebook le hice transferencia y me los dio después, Nos llevó a su casa nos prestó alojo y nos pudimos bañar en su casa, desde Boa Vista fuimos a Manaos.

Fue solo la primera parte del periplo, que tendría muchos contratiempos, aunque ella lo recuerda como muy divertido.

Llegamos a Manaos en la mañana, teníamos que confirmar hasta Porto Velho, pero no había paso por tierra porque hubo un deslave. El viaje sería por aire o por barco. Fuimos hasta el aeropuerto, Pero las reservas de inmediato son muy costosas, y no pude pagar. Nos quedaba solo la opción del barco.

Ana Victoria llegó llorando porque le dijeron que eran cinco días de trayecto. “Era lo que había no podíamos hacer más nada. Tomamos un taxi hasta el puerto para comprar los pasajes. No conocía la moneda y me cobraron más de lo debido. Tomamos un bote nos cruzó el río hasta el barco. Con la desesperación por lo de los cinco días, sin comunicación. Hablé con el capitán y me prestó su wifi y pude hablar con mi familia para que no se preocuparan por cinco días”, contó.

“En la noche llegaron venezolanos, salimos a conocer como era Manaos, y comprar hamacas porque no era sino barco de pasajeros sino de mercancía, y a pesar de la cantidad de días la pasamos muy bien. Fue el mejor viaje que tuve”.

Comenzaron a navegar por el río Amazonas. Allí conoció a mucha gente. “El tercer día del viaje un motor se dañó y no hallaban como repararlo, y después de cuatro horas en alta mar pudo el barco continuar el rumbo”, cuenta Ana Victoria. Ese fue el episodio negativo de la travesía porque la gente con la que se encontró hizo el viaje placentero. Se ayudaron todos entre sí. Unos iban a Chile y otros a Argentina.

“Pasamos a Bolivia, nos desprendimos todos. Lloramos y nos abrazamos y deseamos suerte.

Seguimos el trayecto por tierra, rodando y rodando. Me bañaba como podía, comíamos lo que podíamos, no podía comer porque era costosísimo, el viaje era para cuatro días y ya llevaba 10, los gastos fueron muchos. Fuimos a los tropiezos, mucha gente colaboró con nosotros”.

“Usted debe devolverse”

Ese mismo día 10 llegó a la frontera con Argentina, a Villazón. Sellamos los pasaportes en cola, estando allí cuando me tocó mi turno me preguntaron por mi bolsa de viaje. Tenía solo 3 mil pesos, el hombre me dijo que no tenía bolsa de viaje y tenía que regresar. Había conocido a una peruana con muchos años en Argentina hicimos empatía durante el viaje. La señora se quedó con nosotros, iba detrás de mí en la cola, al ver mi angustia que no tenía ni para regresarme. Llegó esa señora y dijo que era mi tía, sacó los dólares y las tarjetas de crédito. Por eso el funcionario me selló el pasaporte y se lo selló a mi hijo. Finalmente pude cruzar la frontera de Argentina, llegamos el 27 de marzo a 10 am, nos esperaba un sobrino. Llegamos destrozados, pero con fe a Buenos Aires donde fui recibida por un sobrino, con quien vivimos durante el primer mes”.

La estabilidad en Argentina

Ana Victoria y su hijo están trabajando ambos ahora. Su hijo lo hace en la provincia de Pilar, para una empresa que cultiva champiñones, donde ha ido escalando posiciones.

“El tema de la edad aquí es muy importante, yo hago cosas que no pensaba. Cuido a un anciano de 10 pm a 10 am y me pagan muy buen salario. Tengo además tres días de limpieza a la semana. Gracias a eso hemos ido ahorrando, la estabilidad completa la tendremos cuando tengamos a toda la familia, aquí. Tenemos limitaciones nuestro objetivo es traer a mis cuatro nietos, a mi nuera, y poder establecernos y que estudien en su universidad y su secundaria”.

Ella está contenta con Argentina. Siente que los nativos los tratan bien y que “están contentos de que estemos acá”. En los sitios donde limpia “nos ven como una integrante más de la familia, no me he sentido humillada en ningún momento. Hemos podido ayudar a nuestra familia en Venezuela, a quienes enviamos mensualmente una mesada para que cubran ciertos gastos. Escogimos el mejor país para emigrar y sé que mis nietos aquí tendrán futuro”, concluye.

 

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