Jóvenes músicos venezolanos causan sensación en Perú

Una banda de jóvenes músicos se está comiendo las tarimas en Lima. La mayoría son venezolanos, con mucha formación. Se han agrupado en la Orquesta Libre, propiedad del emprendedor peruano Enrique Eguavil, que vivió 28 años en Venezuela. TV Perú en Argentina les ha hecho un reportaje en el que se afincan en la versatilidad de la diáspora nacional.

Son migrantes que van y vuelven. Con sus dramas y aspiraciones. Los padres de Eguavil prosperaron en Venezuela cuando “era un paraíso” (1978), sin embargo emigraron nuevamente, esa vez a Estados Unidos, “cuando la cosa se puso difícil”. No es músico, es un amante de la música latina, es un cazatalentos. Volvió al Perú en 2008, totalmente desorientado, pero con un proyecto musical en mente, “Uno que no se parezca a ninguno”. Recién se ha arriesgado a formar la Orquesta Libre, con doce músicos, cuatro peruanos y ocho venezolanos, sumamente jóvenes todos. La cantante líder, el bongó, tres metales, que son los personajes destacados en el reportaje, venden cara sus imberbes vidas…

María, que soñaba desde los seis años de edad con ser cantante, trabaja en el mercado de Chorrillos, junto a su padre y hermanos. Reúnen dinero para que su madre enferma en Margarita pueda viajar a Lima. Viven en un apartamentito de 30 metros cuadrados, con los colchones a ras de suelo. El padre, profesional de 52 años, aprende en el puesto de comida los sabores peruanos. Lloran la desgracia que dejaron pero se iluminan de ilusiones. En el día toma nota de los pedidos de los comensales y en las noches compone y estudia.

Los hermanos Quintero, el más joven con 18 y el mayor con 24, el combito de maracuchos con trompeta, trombón y saxo, llegaron hace 8 meses a El Callao. Y ya se enrolaron en la Libre. “Denle, muchachos, que ustedes van a ser muy grandes”, les dijeron sus padres. Y se fueron a buscar su rumbo en el plano musical.

Gabriel Castro, el bongosero, tiene 20 años. Su padre, a quien no pudo volver a ver a su muerte hace apenas un mes, le impulsó a que se marchara: “hijo, aquí usted no va a hacer nada”, y se fue.

Uno de los grandes éxitos del grandioso Conjunto Libre, en los años 70, fue el arreglo del son cubano “Suavecito”, que en uno de sus más perdurables versos dice que “el son es lo más sublime para el alma divertir”. Esta Orquesta Libre, plena de venezolanos libres, se aplica duro con la salsa. Uno de sus puntales en el toque es “Esa mujer”, de Tito Gómez.

 

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